Así se construye la autonomía de los alumnos dentro del Colegio México Roma

Educar también significa preparar a niñas, niños y adolescentes para que, poco a poco, sean capaces de tomar decisiones, asumir responsabilidades y comprender que sus acciones tienen consecuencias para ellos y para quienes los rodean. 

En el Colegio México Roma, este aprendizaje forma parte de una visión educativa que tiene sus raíces en el legado de San Marcelino Champagnat y en una educación marista que busca formar personas íntegras, responsables y comprometidas con la construcción de un mundo más humano. 

Por eso, hablar de autonomía no significa simplemente enseñar a un alumno a “hacer las cosas solo”. Significa acompañarlo para que descubra sus capacidades, aprenda a decidir y se convierta progresivamente en protagonista de su propia formación. 

Una educación que acompaña, no que sustituye 

Uno de los rasgos que caracterizan a la educación marista es la presencia cercana del educador. 

Estar presente significa conocer a cada alumno, acompañar sus procesos y ofrecer orientación cuando la necesita. Pero acompañar también implica reconocer cuándo es momento de permitirle intentar, decidir, equivocarse y encontrar una solución. 

Un maestro puede explicar cómo enfrentar una dificultad, hacer preguntas que ayuden a encontrar una respuesta o brindar seguridad ante un nuevo reto. Sin embargo, hay aprendizajes que solamente aparecen cuando el propio alumno tiene la oportunidad de actuar. 

De esta manera, la cercanía del educador no limita la autonomía: le proporciona un entorno de confianza desde el cual puede desarrollarse. 

El protagonismo comienza en las pequeñas decisiones 

La autonomía no aparece de repente durante la adolescencia. Comienza a construirse desde los primeros años mediante experiencias aparentemente sencillas. 

Organizar los materiales, participar en clase, expresar una opinión, asumir una responsabilidad dentro del grupo, colaborar con los compañeros o buscar

alternativas ante una dificultad son oportunidades para aprender a actuar con mayor independencia. 

Conforme los alumnos crecen, también crece el nivel de responsabilidad que pueden asumir. 

En Preescolar puede significar seguir una rutina o hacerse responsable de sus pertenencias. En Primaria, organizar determinadas actividades, cumplir acuerdos y participar más activamente en su aprendizaje. En Secundaria, implica tomar decisiones con mayor conciencia, administrar tiempos, asumir compromisos y desarrollar criterios propios. 

Cada etapa representa una oportunidad diferente para avanzar. 

Aprender a decidir también implica aprender de los errores 

Formar alumnos autónomos no significa esperar que siempre tomen la decisión correcta. 

Equivocarse también forma parte del proceso educativo. 

Cuando existe un ambiente de confianza, un error puede convertirse en una oportunidad para detenerse, reflexionar y preguntarse: ¿qué aprendí y qué puedo hacer diferente la próxima vez? 

Este proceso fortalece capacidades importantes para la vida: perseverancia, responsabilidad, pensamiento crítico y confianza para enfrentar nuevos desafíos. 

El objetivo no es evitar todas las dificultades, sino brindar las herramientas necesarias para aprender a enfrentarlas. 

Libertad y responsabilidad van de la mano 

Desde la educación marista, aprender a decidir tiene además una dimensión profundamente humana. 

No basta con preguntarnos qué queremos hacer. También necesitamos aprender a considerar cómo nuestras decisiones afectan a los demás. 

Cumplir un compromiso, escuchar otra opinión, respetar acuerdos, colaborar con un compañero o cuidar un espacio común son experiencias donde la autonomía comienza a relacionarse con valores como la dignidad, la honestidad, la fraternidad y la solidaridad. 

Así, cada decisión cotidiana puede convertirse también en una oportunidad para aprender a convivir.

Del alumno que recibe al alumno que participa 

La educación marista busca que niñas, niños y adolescentes no sean únicamente receptores de conocimientos. 

Queremos que pregunten, participen, propongan, reflexionen y descubran que también pueden transformar aquello que sucede a su alrededor. 

Ese protagonismo permite que el aprendizaje tenga un sentido mayor: lo que se aprende en el aula comienza a relacionarse con la vida, con los demás y con la responsabilidad de contribuir positivamente al entorno. 

Aquí encontramos una relación fundamental entre autonomía y la formación de Constructores del Bien Común. 

Un alumno que aprende a tomar decisiones responsables también está desarrollando las herramientas necesarias para participar, colaborar y poner sus capacidades al servicio de los demás. 

Educar para la vida, al estilo de Champagnat 

Desde sus orígenes, la educación marista ha buscado una formación que vaya más allá de los conocimientos académicos. 

En el Colegio México Roma continuamos este legado acompañando a cada alumno desde la cercanía, la sencillez, el amor al trabajo y el espíritu de familia, respetando su etapa y reconociendo sus capacidades. 

Porque formar personas autónomas no significa enseñarles a caminar sin los demás. 

Significa ayudarlas a crecer con la confianza necesaria para pensar por sí mismas, actuar responsablemente y comprender que sus decisiones también pueden contribuir a construir un mundo mejor.

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